(No English version available this time around — Talk to management if you have any complaints)
Podemos engañar a algunas personas todo el tiempo.
Podemos engañar a todas las personas parte del tiempo.
No podemos engañar a todas las personas todo el tiempo.
Se le adjudica erróneamente a Abraham Lincoln el haber dicho una variación de esta idea. Quién sabe quién lo dijo en realidad y por qué le quisieron colgar el milagrito a Lincoln. De pronto pensando en cómo hacemos para proyectar y vender cierta imagen, me acordé de haberlo leído en algún lado y la he traído rumiando desde hace días.
Y como consecuencia, a la conclusión a la que he llegado es que jamás podemos engañar al universo. Ni siempre, ni a veces, ni nunca. El universo sabe más sobre nosotros incluso de lo que sabemos nosotros mismos.
Esta semana tuve una conversación de esas que rayan casi en la disertación filosófica con uno de mis interlocutores favoritos, mi querido arquitecto Omar. He dicho, desde que llegó a mi vida hace poco más de 4 años, que es uno de mis compañeros de conversación preferidos, porque jamás me intenta convencer de sus puntos de vista, sino que me comparte SIN FILTROS lo que piensa, cree y siente, y escucha lo que yo tengo para ofrecer. Jamás hemos tratado de convencernos o de hacernos cambiar de parecer. Siempre conversamos en el tenor de “leí, investigué, vi en algún lado esto y esto” y cuando sentimos que la otra persona está haciendo algo raro, fuera de carácter, o de plano mal y con las nalgas, sí nos damos permiso de cuestionarnos y de decirnos “¿y por qué estás haciendo tal cosa?” Pero creo que el secreto de por qué me siento tan bien compartiendo mis puntos de vista con él es que jamás de los jamaseseseses se atreve a venir a decirme a mi cara “haz tal cosa”, cosa que sí hace mucha gente, tal vez nada más por costumbre, tal vez en un afán por querer ser útiles… pero de verdad cómo me caga que la gente me venga a dar “recomendaciones enfáticas” sobre lo que les estoy platicando. Pffff, hasta el fondo del alma.
El tema es que, con este individuo que siempre me cuestiona y me pone en posiciones muy incómodas en las que me hace que yo misma me cuestione (es un talento, no sé cómo lo hace, pero me encanta…) estuve platicando sobre lo que ponemos en el universo, y cómo el universo reconoce lo que en verdad le estamos aportando, aunque nosotros queramos decirle que lo que traemos entre manos es diferente.
Es más, estoy segura de que muchas veces le he dicho al universo “ten, te traje esto” y el universo ha sonreído discretamente y pronunciado en un susurro “eso es lo que crees que me estás dando, ni sabes…” Porque de verdad que no hay manera de engañar al universo, aunque de manera magistral logremos engañarnos a nosotros mismos.
Le decía que en otros momentos de mi vida me había vendido a mí misma esta versión de que “estaba tranquila”, que “estaba en un buen momento”, que “era una reina”, que “estaba consciente de mí misma.” Pero no importa qué tanto nos recordemos a nosotros mismos todas estas cosas (está padre usarlas incluso como afirmaciones si le entramos al tema de las meditaciones, eventualmente hay ciertas cosas que sí terminamos bancando y adueñándonos), pero si en realidad no lo tienes bien asentado, el universo se encarga de ponerte en situaciones en las que sabe que te va a demostrar que no es cierto… y no estabas tan tranquila, y no estabas en tan buen momento, y comenzaste a dudar de si eras una reina y te enseñó que no estabas tan consciente.
Bueno, pues en los últimos meses, digamos tipo de septiembre a la fecha, le he estado dando cosas al universo sin saber siquiera que se las estaba dando. Y a cambio, el universo, con una sonrisa menos discreta de lo que uno esperaría, me ha estado mandando cosas que me han hecho ver que estoy en un lugar que por mucho tiempo me esforcé en afirmar que era mío, pero que hasta ahora me pertenece en realidad.

“Mira, qué cabrón el universo”, pensé. “Supo antes que yo que estaba dispuesta a dar muchos pasos que antes el miedo me impedía dar. Que estaba lista para cuestionarme sin dudar, y a renunciar sin perder.”
Eso no quiere decir que TODO me esté saliendo a la perfección. Obvio no. Empecé 2026 con una lista descomunal de pendientes, preocupaciones y anhelos insatisfechos. Con un montón de antojos y deseos no cumplidos; y con material de pesadilla fresquito y no explorado. MUCHAS cosas me están saliendo mal, pero (y este es el pero que hace que todo se sienta diferente a como había sido en otras ocasiones) ni me dan ganas de sobre analizarlo todo ni me ocupo en cuestionarlo, solo estoy solucionando para mantener mi tranquilidad mental, y lo más hermoso es que siento que las cosas y las personas que están a mi alrededor están cachando esa sintonía y están reflejando esa energía. Eso se siente súper.
Y bueno, la tranquilidad no viene de dejar pasar cosas y esforzarse por ignorarlas, o de cuestionarse menos: viene de comunicar de mejor manera lo que nos trastoca, ya sea para modificarlo o para evitarlo, si a eso es a lo que se tiene que recurrir. No se trata de soportar en silencio para evitar las confrontaciones que a la larga nos van a pasar factura emocional, sino de reconocer “A ver, esto es lo que me merezco, lo sé porque yo estoy ofreciendo algo similar y esperaría recibir al menos eso a cambio… no menos. No exijo lo que no estoy dispuesta a dar, y si mi entorno o la gente con la que estoy tratando no están en la disposición de ofrecérmelo y de espejear lo que estoy ofreciendo, entonces puede que no sea el entorno o la gente con la que deba estar.” Y, como en toda negociación, el secreto yace en estar dispuesto a levantarse de la mesa de negociación y retirarse sin miedo a que se esté perdiendo más de lo que podrían ser las potenciales ganancias: el valor propio tiene que estar en un balance superior al temor de las posibles pérdidas, o de otra manera uno corre el riesgo de conformarse por no atreverse a obtener lo que se quiere.
No sé cómo llegué a este estado… aunque en teoría debe ser todo el trabajo personal que he llevado a cabo durante años. Realmente lo que no entiendo es en qué momento todo se asentó, en qué momento admití el hecho de que “va a ser no como yo quiera, sino como yo me lo merezca, y a ver de a cuánto nos toca.”
No sé si una vez llegado a este estado puedo seguir alargando el momento indefinidamente como una extensión de esta cuasi-iluminación, o si va a llegar otra vez el punto en que vuelva a preguntarme si me merezco lo que el universo me ha enviado. Eso es lo que suena más natural, honestamente. Al final, solo somos humanos y es normal y sano dudar.
No lo sé. El tema es que al universo no se le puede engañar, y nos va a mandar lo que sienta que nuestra energía requiere, nos guste o no. Y la paz mental, al igual que la felicidad, no es constante, y es nuestra labor alimentarla, procurarla y buscarla.
Me encantó, y sí, ha sido tu valor para cuestionarte, revisarte, y tambié aprender de todo lo que te ha afectado bueno y malo…lo que hace que ahora reconozcas todo lo que ofreces y das sin calcular a los demás…ya era tiempo del pago, de la recompensa
Te quello
Me hiciste lagrimear amiga bella. Muchísimas gracias. Ojalá la vida nos lo recompense. Besitos, te quiero.